CERVANTES A TODA VELA
TREINTA ESTUDIANTES NAVEGAN HASTA LEPANTO. RECORREN LA MISMA RUTA QUE CERVANTES EN 1571. ASISTEN A LA PRIMERA UNIVERSIDAD FLOTANTE.

(FOTO: Luis Marchal)
En el IV Centenario de la primera edición del Quijote, la Universidad Camilo José Cela, la Academia del Mar y la Sociedad Cervantina quisieron honrar a Miguel de Cervantes, por lo que 30 estudiantes recrearon, durante 21 días, la ruta que siguió el escritor alcalaíno hasta llegar a la batalla de Lepanto, hace 434 años. Conocieron de primera mano la experiencia marítima del que fuera soldado en la juventud y escritor en la madurez. Y compartieron los 48,5metros de eslora del bergantín-goleta sueco Amorina.
LUIS MARCHAL
PATRAS
El viaje se denominó La más alta ocasión, en base al prólogo de la segunda parte del Quijote: «La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros».
Mariona Cusí, con 18 años, fue la única catalana en el barco. Se embarcó en la Tall Ship´s Race 2005 y estuvo más de una semana en un velero ruso de 110 metros de eslora. Hace vela ligera desde que era pequeña, con su padre, y se desplaza por los mástiles como si viviera en ellos, a pesar de su vértigo.
Días 1 y 2, el inicio
El Amorina partió el 17 de septiembre de Almería. Dieciséis camarotes dobles y dos de cuatro plazas albergaron a la expedición. En algunos casos, fue necesario utilizar colchones en el suelo. Como en el compartimiento 8, donde se instalaron María Teresa, Sandra y Marta. «Con el cansancio de las actividades, no me doy cuenta de la incomodidad que conlleva dormir en el suelo», comentó Marta.
Los jóvenes escribían un cuaderno de bitácora, donde Christian explicaba su primera noche en aguas
del Mediterráneo: «El motor había arrullado nuestros sueños y las olas rizadas de espuma revolvieron nuestro despertar». La seguridad a bordo era primordial. Se asignaron parejas para ser binomios, como Heloïse y Enrique o Borja y Mariona, entre otros. Tenían que conocer siempre cuál era la posición del otro. Por si había que gritar «hombre al agua».
Las clases tuvieron que esperar por culpa de la mala mar. Con el balanceo de la goleta, comenzaron los primeros mareos. La biodramina estaba en la barra del bufet de comida, como si se tratase de un postre, junto a repletos platos de pasta y manzanas. Mario ganó el ránking de sentirse mal: «Hoy he pasado todo el día en la cubierta tirado en el suelo, cada vez que me levantaba era para seguir alimentando a los peces», escribió en su cuaderno.

Luis Cercos impartiendo una clase de navegación
Día 7, la universidad flotante
Tras las escalas de Alicante y Palma de Mallorca, comenzó una etapa de cinco días sin pisar tierra firme. El Mediterráneo estaba en calma. Una campana en la proa marcaba el inicio de cada clase. Los 30 participantes se dividieron en tres equipos de diez personas con el nombre de cada uno de los mástiles: trinquete, mayor y mesana. Un equipo se dedicó a las clases de náutica, historia, primeros auxilios y negociación. Otro a las tareas de mantenimiento del barco. El tercero, a prácticas de navegación. Cada día rotaban. Además, debían realizar guardias en el puente de mando como si fueran
parte de la tripulación.
La cubierta superior sustituía a las aulas. 19 universitarios y 11 bachilleres percibían la brisa marina mientras aprendían la conciencia de la mar. Se acercaban al Cervantes de 1571 en la batalla de Lepanto. Aunque se libraron de perder la movilidad de la mano izquierda, como lo hizo el escritor a bordo de la galera Marquesa.
El equipo docente al completo insistía en que «esto no es un crucero». El presidente de la Sociedad Cervantina y director de la travesía, Jesús Arribas, enseñaba «lo que dejó Cervantes en el Quijote de su experiencia vital». Para él, lo primordial es «la comunidad de aprendizaje».
El coordinador pedagógico, Guillermo Sánchez, explicó los objetivos de la universidad: aprender valores como la disciplina y la puntualidad, habilidades como debatir y comunicar y aptitudes como la sensibilidad. Los 30 participantes optaban al título de Patrón de Embarcación de Recreo (PER). El alférez de fragata (en la reserva) Luis Cercos coordinaba los estudios náuticos, mientras que el médico Agustín Chozas cubría la parte de los primeros auxilios y velaba por la salud de los becados.

Christian Supiot limpiando el ancla
Día 12, Roma
El 28 de septiembre estaba prevista una audiencia privada con Benedicto XVI. El Amorina, capitaneado por Kenneth Lundgren y armado por Beatriz Bronsky, se quedó en el puerto de Civitavecchia. Tanto profesores como alumnos vestían el uniforme oficial de la travesía: chaqueta con el logotipo de la universidad, corbata azul con rayas rojas y amarillas, camisa blanca y pantalón gris. Y acudieron a Roma. Finalmente, Ratzinger se quedó en la escalinata de la plaza de San Pedro y la comitiva en uno de los laterales, a distancia considerable. «La Santa Sede cambió el lugar de la audiencia el día anterior. Al hacer buen tiempo, se trasladó a la plaza», informó Alfonso Ceballos,
teniente de navío y uno de los responsables del homenaje en tierra. Al menos, el Vaticano les mencionó ante el público concentrado.
Después, a conocer Roma. Miguel Ángel Elvira, exdirector del Museo Arqueológico Nacional, hizo de guía. Visitaron lugares a los que no acostumbra a ir el turista: el palacio Colonna y la embajada española ante la Santa Sede.

Javier Caso tocando el chelo en cubierta
Días 14 y 15, el espejismo
El 30 de septiembre era el cumpleaños de Javier y le prepararon una fiesta sorpresa. Todos los compañeros le hicieron regalos, comprados en Roma. Le costó apagar las velas de la tarta por la emoción. Lo mismo ocurriría con Enrique, que cumplió 18 años el 4 de octubre.
Felipe Segovia, conocido por don Felipe, les reunió en el comedor y les contó el espejismo de su vida: crear la universidad flotante. Para el presidente de la Institución Educativa
SEK (San Estanislao de Kostka) y de la Universidad Camilo José Cela, «había que celebrar el año del Quijote de manera ingeniosa y distinta distinta», con actos que se recuerden en la historia. «Del tercer centenario, celebrado en 1905, sólo ha trascendido un libro de Azorín y otro de Unamuno. Las conferencias no se recuerdan», lamentaba Segovia.
Encontró publicidad del Amorina en Marbella. Un antiguo barco-faro de 1934 que ha dado tres veces la vuelta al mundo. El 14 de mayo del año 2005 lo visitó en Puerto Banús y le pareció que se encontraban ante la embarcación perfecta.
Para él, este homenaje se presta a diferentes interpretaciones. «Se puede ver como una operación de
márketing, como un ensayo sobre el comportamiento de una comunidad comunicativa en el mar, como una protesta en contra de los atentados islamistas, como una defensa de la alianza de civilizaciones y como homenaje a Cervantes». Después de todos sus años de experiencia en la educación, el objetivo de
don Felipe era «que los alumnos salgan de manera distinta».
A sus recién cumplidos 69 años, es capaz de bailar música de El Canto del Loco con chicos de 18 años y subirse a un mástil de cinco metros. A pesar de ello, sus dos infartos le obligaron a no realizar el tramo desde Palma de Mallorca hasta Roma.

Los participantes arriando la vela mayor
20 y 21, homenaje en Patras
Como en cualquier universidad, el poco tiempo libre se aprovechó para repasar las materias. Carpetas azules de la escuela Cenáutica y cartabones se imponían a juegos de mesa, como el Risk o el parchís, que también llevaba la expedición. En dos días, un examinador les tenía que poner a prueba en Atenas. Algunos serán patrones de embarcación de recreo, otros no.
El 7 de octubre, el barco se engalanó desde las siete de la mañana para recibir a los familiares de los becados y otros ilustres invitados. La viuda de Camilo José Cela, Marina Castaño, acudió a la cita. «Un homenaje original a Cervantes», dijo. En la bahía de Patras, se culminó la travesía con el ofrecimiento al mar de unas coronas de flores por los que lucharon en Lepanto. Después, los estudiantes Patricia y Lucas lanzaron un cofre hermético con una edición del Quijote, euros vigentes y la firma de los que recorrieron los mismos derroteros del joven soldado.
El acto concluyó con una salve marinera, el Amorina atracó en puerto y tres autobuses desplazaron a los asistentes al parque de las autoridades portuarias. Allí se descubrió un busto de Cervantes realizado por el escultor Santiago de Santiago.
La vicealcaldesa de Patras, Caterina Cuburli, destacó que «la obra de Cervantes es un ejemplo para los griegos». Y añadió que lo ha leído. «El Quijote siempre será actual porque representa el antídoto a la decadencia», comentó.

Vista de un descanso en proa
FUENTE: El Periódico de Catalunya, publicado el 16 de octubre de 2005