Periodista-Politólogo
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“LA ECOLOGÍA ES LA ÚNICA SOLUCIÓN A LO QUE NOS ESTÁ PASANDO”

Silvia Marsó, actriz

José Luis García Sánchez ha dirigido la comedia Los muertos no se tocan, nene, adaptación de una novela de Rafael Azcona que abrió el Sevilla Festival de Cine Europeo el pasado 4 de noviembre. Ya se puede ver en salas de Andalucía, Asturias, La Rioja y Castilla-La Mancha. A Madrid, Cataluña y Aragón llega el 23 de diciembre. En esta entrevista, una de sus protagonistas, Silvia Marsó, actriz catalana, habla del film, mirando con sus ojos verdes al ayer y al hoy de nuestro país. Comenta que siempre ha sido ecologista y recalca que “el único compromiso verdadero del ser humano es con el planeta”.

Silvia Marsó, por Ralf Pascual
(FOTO: Ralf Pascual)

Por Luis Marchal

—¿Cómo cree que Azcona retrataría ahora la crisis económica actual y la situación que sufren los españoles hoy por hoy?
—Buscaría siempre el lado divertido, no carente de ternura, si es que a esta situación se le puede sacar ternura por algún lado. Él fue capaz de encontrar el lado irónico y divertido de cualquier situación de nuestra historia, siempre de modo entrañable. Supo plasmar el carácter español con todo su humor, con todas sus pequeñeces, con todas sus ruindades y, al mismo tiempo, con toda su grandeza. Rafael empatizaba con el ser humano en general, fuera de la ideología que fuera. Incluso, cuando plasmaba a personajes que no tenían nada que ver con su forma de pensar o de sentir, les encontraba su parte humana. Por eso, sus personajes son tan ricos.

—Precisamente, en Los muertos no se tocan, nene hay muchos personajes; es una película muy coral.
—En esta película, no hay protagonistas. Todos pertenecemos a una España que ya no existe y todos tenemos algo que aportar a la historia. Los unos somos las consecuencias de los otros. Somos complementarios. Cada uno simboliza una forma de ser y estamos retratando una sociedad con cierto arquetipo, muy reconocible y muy cercano.

—¿El espectador será exclusivamente el que conoció en su momento el cine de Azcona?
—La película ofrece muchos alicientes. Habla de cómo un adolescente se inicia en la vida. Tiene algo muy importante para los jovencitos; incluso, para los niños, que vivían de otra manera. En aquella época se les pegaba constantemente. Y nos costaba mogollón tener que darles cachetes. Yo nunca
he pegado a mi hijo. Los niños actores, como Teo Planell, que hace de Marianín, me decían, “venga, practica, dame una colleja”. A ellos tampoco les han pegado, son niños actuales.

—¿Doña Luisa, su personaje, es una mujer que manda mucho en su casa?
—Ella cree que manda. Nadie la hace caso. Ni su padre ni su marido ni nadie. Es una mujer con muy mala leche, puesto que vive dentro de una inmensa frustración, ya que quiso ser pianista. Soñó con dedicar su vida a la música, a los conciertos y a la cultura. Por una sociedad en la que le tocó vivir, en una ciudad de provincias, en una época difícil en España, se vio abocada a hacer lo que se esperaba de ella, que era casarse, tener hijos y renunciar a sus aspiraciones como ser humano independiente y como artista. Eso la ha mantenido durante todos estos años en una amargura constante. Por eso, es un personaje aparentemente mandón, un poco histérico y con una gran carga interior.

—Hoy, ¿esta mujer sí que habría sido pianista?
—Sí, claro. Es que mi abuela, la madre de mi padre, también quería ser artista. Le gustaba la pintura, le gustaba la música, tocaba el piano. Sufrió mucho en su matrimonio y murió sin haber realizado sus sueños. Para el papel, no me inspiré en mi abuela, porque era de otra manera, pero sí que lo hice en esas generaciones de mujeres absolutamente anuladas por una sociedad machista, que nunca lograron ser lo que hubieran querido.

—¿Por qué piensa que el guión original fue censurado en su momento?
—Porque tiene mucho humor con la religión. Políticamente, tampoco posee un gran contenido. Trata de una sociedad que es muy carca. También por el sexo, habla de un despertar sexual. Por el despertar de un deseo sexual de un adolescente.

—¿Aparece, muy veladamente, una idea de la eutanasia en el guión? Lo comento porque están todos esperando a que don Fabián se muera, a que no se prolongue su vida y fallece cuando interviene el doctor Salamoya, encarnado por Carlos Larrañaga.
—No creo. Todo el mundo sabe que cuando el doctor Salamoya llega, el moribundo se muere. No se está haciendo una apología de nada, pero se está mostrando cómo en los pueblos sí que había un ritual con la muerte que se ha perdido por tanta tecnología y tanta respiración asistida, algo que es maravilloso porque la gente puede vivir muchísimos más años. La muerte ha perdido su ritual religioso y moral. La muerte ya no es lo que era. Prefiero como estamos ahora, pero sí que tenía un componente de rito, incluso mágico, que ya no existe.

—¿Los muertos no se tocan, nene nos recuerda que no siempre hemos vivido como
ahora? Por ejemplo, nos muestra los problemas que daban los primeros televisores.
—La película muestra una sociedad muy arcaica, muy conservadora. Se desarrolla en una ciudad de provincias un poco apartada de la modernidad. Introduce un elemento ultramoderno en aquella época que era la televisión y cómo esa familia y esa gente trasnochada se enfrenta a lo nuevo.

—¿Mejor gastarse los ahorros en un televisor que en un ataúd, como hace el difunto de la película?
—[Risas] Ese personaje de mi abuelo se pasa toda la vida pagando la televisión y al final no la puede disfrutar. Yo me acuerdo de la primera televisión que vi en mi vida, y no soy tan mayor. No todas las familias tenían una. Cuando se inventó, la gente la veía en los escaparates.

—¿Aquella era una generación más sacrificada que la nuestra, que somos más consumistas?
—Pasaron muchas penurias con la posguerra. Estaba la típica frase de “comételo todo, que no quede nada en el plato, que hay mucha hambre en el mundo”. Esto lo he oído en mi casa toda mi infancia y se lo repito a mi hijo, que valore lo que tenemos. Algo que en la actualidad está más arraigado en nuestra sociedad, y por lo que yo estoy luchando siempre, es lo de reciclar más, tener una conciencia ecológica. Hay que procurar consumir productos que sean biodegradables, que sean de comercio justo, que no haya explotación infantil. Yo veo a mi madre de 80 años ilusionada en separar los vidrios de los plásticos, de los papeles, y digo olé por ella. Con 80 años, está preocupada por el ecosistema y por el medio ambiente, que ella ya no verá. Se preocupan por la herencia que nos dejan. Yo he tenido desde pequeña conciencia ecológica. Fui de las primeras socias en España
de Greenpeace.

—Juantxo López de Uralde, exdirector de Greenpeace España, ha promovido el partido Equo, que ha conseguido un diputado por Valencia. ¿Qué opinión le merece?
—Siempre fui de los verdes, fueran del partido que fueran. Por supuesto que simpatizo mucho con Juantxo. En realidad, la ecología es la única solución a todo lo que nos está pasando. Estamos metidos en una espiral de la que no vamos a salir como no nos concienciemos. Ya sabemos que la economía es importante, que sujeta todo el sistema; pero la economía depende del petróleo y por el
petróleo se hacen guerras y se invaden países. Es todo un caos. Necesitamos partir de la generosidad. Ser ecologista es ser generoso, porque uno de la ecología no se enriquece. Es un compromiso con lo que Dios, o la naturaleza, se sea o no creyente, nos ha dado que es el planeta. Para mí, es lo único sagrado. Lo mínimo es que nos comprometamos para que futuras generaciones se lo encuentren mejor que como está ahora.

—Un compañero de profesión como Tony Cantó ha sido elegido diputado con Unión, Progreso y Democracia (UPyD), ¿tan mal están las cosas para que los actores se metan en política?
—No sé cuál es el objetivo de Tony. Yo siempre he sido ecologista y he estado en movimientos ecologistas, pero no me he metido en política. No me veo capacitada ni me atrae. Tengo mi ideología, por supuesto. Pero es mía, es personal. He vivido en este país en todas las legislaturas democráticas, en las que ha estado la izquierda, la derecha y el centro.

—¿Cómo piensa que quedará la cultura en este país con el Gobierno de Mariano Rajoy?
—Lo que me gustaría es que se mantuviera la neutralidad y la pluralidad de nuestra Televisión Española. No recuerdo que jamás haya tenido tanto contenido cultural como en los últimos tiempos. Nunca se habían visto películas españolas, y extranjeras, sin anuncios en televisión. Lo mínimo que le pido es que se mantenga así.

FUENTE: El Siglo, publicado el 12 de diciembre de 2011