Perfil del candidato del PP
Posted by in El sigloRAJOY, UN ‘GALLEGO PROFESIONAL’
Al igual que su adversario Alfredo Pérez Rubalcaba, Mariano Rajoy es un eterno número dos mutado en líder. José María Aznar, tras haberle tenido de ministro de casi todo, lo designó su sucesor para que controlara el timón de España y del PP. Contra todo pronóstico, este registrador de la Propiedad y gallego profesional, se quedó en la trastienda de la oposición. Después, sobre todo con la derrota electoral de 2008, le pusieron zancadillas, sufrió serios disgustos en los conocidos como “lunes negros”, pero ha sobrevivido. Ha sido un superviviente nato. Ahora es caballo ganador en prácticamente todas las quinielas sobre los resultados del 20-N. Vuelve a rozar el poder y a su alrededor se respira una irrefrenable euforia.
Por Luis Marchal
En su reciente libro de recuerdos personales, En confianza. Mi vida y mi proyecto de cambio para España (Planeta), cuya presentación causó gran expectación y parecía un estreno de cine, Mariano Rajoy escribe que “jamás hay que confiar excesivamente en las encuestas”. Su experiencia es que cualquier batalla electoral exige esfuerzos hasta el último momento. Ya le sucedió en 2004, año en que perdió, ante José Luis Rodríguez Zapatero, a pesar de partir como favorito.
Este político pontevedrés emprende su tercer asalto a la Presidencia del Gobierno. Sus bazas son la lealtad incondicional del electorado del PP y la grave situación económica que asola el país, con más de 4.200.000 parados. La euforia que actualmente se percibe en los que le rodean por la inminente victoria electoral está más contenida en él. Quizá porque sabe que si llega a La Moncloa tendrá que tomar decisiones impopulares. De hecho, la crisis económica le obligó a clausurar la pasada convención del PP en Málaga con fórmulas de buenos propósitos aunque sin hipotecas de compromisos previos.
Inseparable de Aznar. Rajoy, nacido en Santiago de Compostela en 1955, se considera pontevedrés. En León, estudió en las Discípulas de Jesús, curiosamente en el mismo colegio que Zapatero. Se licenció en Derecho en la Universidad de Santiago. Con 23 años, se convirtió en el registrador de la propiedad más joven de España. Pero, su oficio es la política. Es un “auténtico profesional” de ella. Cuenta con una larga experiencia como número dos y en cargos de responsabilidad.
Con 26 años ya era diputado en el Parlamento gallego por Alianza Popular (hoy, Partido Popular). Con 31, fue vicepresidente de la Xunta. Durante cinco años, fue presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra. Cuando Fraga desembarcó en Galicia, le recomendó: “Váyase a Madrid, cásese y aprenda gallego”. Rajoy entonces emigró a Madrid para ser diputado nacional.
Se hizo compañero inseparable de José María Aznar. Dirigió la campaña que en 1996 convirtió a éste en presidente del Gobierno (volvió a dirigir la de las generales de 2000 en las que el PP obtuvo la mayoría absoluta) y gestionó los pactos de investidura firmados con los nacionalistas.
Estuvo presente en casi todos los equipos de las dos etapas aznaristas. Con él, Rajoy fue sucesivamente ministro de Administraciones Públicas, ministro de Educación y Cultura, vicepresidente primero y ministro de la Presidencia, vicepresidente primero y ministro del Interior y vicepresidente primero, portavoz y ministro de la Presidencia por segunda vez. Es decir, fue un todoterreno. Curiosamente, algo que le une a Rubalcaba es que los dos han sido en algún momento portavoces de sus gobiernos. Rajoy abandonó el Ejecutivo medio año antes de las elecciones de 2004 para concentrarse en su carrera hacia La Moncloa.
La conversación del jefe de la oposición, que es un fumador de puros empedernido, suele ser de
tono serio. Su sentido del humor es sutil y cargado de ironía. Es muy respetuoso de las formas y es un claro ejemplo de gallego astuto y reservado. Se puede decir incluso que es un gallego
profesional. Los adjetivos con los que le califican sus fieles son “sencillo”, “discreto”, “polivalente”, “dialogante” y “templado”. Sus enemigos, por el contrario, le acusan machaconamente de “perezoso” e “indolente”.
Además de su padre, un familiar que influyó bastante en Rajoy fue su abuelo Enrique Rajoy Leloup, abogado compostelano experto en Derecho Administrativo y uno de los impulsores del Estatuto de Autonomía gallego de 1936, que fue truncado por la Guerra Civil. Otro familiar de Rajoy, su primo José Javier Brey, que es catedrático de Física Teórica, se hizo conocido cuando el político restó importancia a los efectos del cambio climático aludiendo una conversación con él.
Rajoy, que intenta separar su vida pública de la privada, se casó con la pontevedresa Elvira Fernández, Viri, a los 41 años, al poco tiempo de ser nombrado ministro por Aznar. Poco amiga de la sobreexposición pública, ella trabaja para Telefónica Contenidos. Él no colabora “prácticamente nada” en las tareas de casa, pero sí que ayuda a sus dos hijos, de 11 y 5 años, a hacer los deberes. El deporte que más practica, desde niño, es el ciclismo. Asimismo, es un forofo del fútbol. Está abonado al Real Madrid, es socio del Pontevedra, accionista del Celta de Vigo e hincha del Deportivo de La Coruña.
Su barba no es por puro estilo. En 1979, se la dejó para tapar las cicatrices en la cara que le produjo un grave accidente de coche. Una ráfaga de viento hizo que sufriera otro importante accidente, aunque de helicóptero, junto a Esperanza Aguirre. Ambos lo consideran su “segundo nacimiento”.
Aparentemente, a Rajoy le incomoda el hacer una oposición dura y tajante. En ese sentido, suelen ser los halcones del PP, como Jaime Mayor Oreja, los que han ejecutado el trabajo sucio contra las políticas socialistas. Destacan los reproches vertidos contra la política antiterrorista (sobre todo en la primera legislatura de Zapatero, ya que Rajoy no se creyó la voluntad de ETA de
dejar las armas), contra la política inmigratoria, contra los matrimonios homosexuales, contra las reformas estatutarias o contra la nueva ley del Aborto.
Cuando Rajoy perdió en su segundo asalto contra Zapatero en 2008, los cuchillos dentro de la formación se afilaron. Su liderazgo fue puesto en duda y estalló un fuerte conflicto interno. Llegaron los conocidos como “lunes negros”. Desaparecieron de la escena política Eduardo Zaplana y Ángel
Acebes, sus hombres fuertes desde 2004. Su cercano colaborador Gabriel Elorriaga le cuestionó en un artículo de prensa. Ortega Lara y María San Gil se alejaron de la senda popular por su desacuerdo con la deriva tomada por el PP. Se vio envuelto en un pulso de poder con Esperanza Aguirre. El distanciamiento entre Rajoy y Aznar fue creciendo paulatinamente como si éste se hubiera arrepentido de su decisión tomada en 2003. El expresidente irrumpió con fuerza en la crisis interna del PP para apoyar a los “duros” frente a Rajoy al que lanzó un mensaje: “Siempre hay que procurar contar con los mejores y además tener la voluntad y la decisión de llamarles y de agruparles en torno a un gran proyecto”. Últimamente, las aguas entre ellos están volviendo a su cauce y hay un acercamiento, al menos delante de las cámaras, del presidente de FAES y de su mujer, Ana Botella (que suena como futura alcaldesa de Madrid si Alberto Ruiz-Gallardón se marcha al ámbito nacional como segundo de Rajoy), con el actual líder del PP.
No obstante, en el congreso del partido en Valencia, que tuvo lugar en el verano de 2008, Rajoy logró ser reelegido como presidente del PP con un 84% de los votos. Contuvo la amenaza de los seguidores de Aguirre y de Juan Costa, que midieron sus fuerzas para defenestrarle. El apoyo del entonces presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, quien no hace mucho
dimitió salpicado por la vertiente del caso Gürtel en Valencia, el caso de los trajes, fue decisivo.
Por otra parte, Rajoy ha conseguido que la Gürtel, una trama de corrupción en la que
están implicados diferentes políticos de su partido, no le salpique de tal modo que trunque su carrera hacia la Presidencia de España. No quiere sobresaltos. Por ello, su campaña electoral será de perfil bajo.
Los “hilillos” del ‘Prestige’ y la guerra de Irak
Como portavoz del Gobierno de Aznar, Rajoy tuvo que afrontar la crisis que provocó el desastre ecológico causado por el vertido del petrolero Prestige. No tuvo su mejor momento al intentar minimizar la catástrofe: “Son unos pequeños hilillos que se han visto [en la proa], cuatro regueros que se han solidificado con aspecto de plastilina en estiramiento vertical”. También defendió la patata caliente del apoyo de Aznar a George W. Bush durante la invasión de Irak de 2003. Cuatro años más tarde, el candidato del PP reconoció que fue un error de toda la comunidad internacional
admitir que había armas de destrucción masiva en Irak.
FUENTE: El Siglo, publicado el 24 de octubre de 2011
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