Entrevista con uno de los mejores acuarelistas del mundo

By | August 13, 2005

JULIO QUESADA: “TODOS MIS ÍDOLOS HAN MUERTO YA”

Está considerado uno de los mejores acuarelistas vivos, una condición que él asume con modestia.

LUGAR DE NACIMIENTO: MADRID
EDAD: 87 AÑOS
PROFESIÓN: PINTOR ACUARELISTA
RETRATOS MÁS DESTACADOS: NICETO ALCALÁ ZAMORA, ALEXANDER FLEMING Y SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL

Julio Quesada, retratado en su domicilio de Madrid (FOTO: Agustín Catalán)
Julio Quesada, retratado en su domicilio de Madrid (FOTO: Agustín Catalán)

LUIS MARCHAL

Julio Quesada tenía sólo 12 años cuando le pidieron que hiciera un retrato de Niceto Alcalá Zamora, entonces presidente de la República. Hoy, a sus 87 años, sigue pintando. Experto en la acuarela, técnica que no permite correcciones, cuenta desde 1999 con un museo monográfico dedicado a su obra en Crevillente (Alicante).

–¿Es usted uno de los mejores acuarelistas del mundo?
–Eso dicen las buenas gentes.

–Sus cuadros se exhiben en la Tate Gallery de Londres…
–De eso casi ni me enteré, es fruto de la casualidad. También los hay en museos de otros países, como Alemania. Al parecer, allí la gente que entiende de acuarelame me admira.

–Hay un Premio Nacional de Pintura que lleva su nombre y fue candidato al Príncipe de Asturias.
– Sí, ambas distinciones me emocionaron mucho. Y todo ello gracias a que traté de interpretar a muchas de las grandes figuras de mi época. Y a que he trabajado mucho. Verá, yo he hecho más de 10.000 cuadros, no sé cuántos. Yo he sido pintor toda la vida. Aunque la música también me ha acompañado mucho. Ahora lloro al tocar el piano.

–¿Se especializó en retratar a médicos?
–Sí, no sé bien por qué. Me da miedo recordar la cantidad de retratos que les hice. Miles de retratos.

–¿Cómo fue tener como modelo al mismísimo doctor Fleming?
–Fue una casualidad. Me lo presentaron y yo iba con mis bártulos de pintar encima. Cuando un médico llegaba a cierta fama, tenía que tener un cuadro de Julio Quesada.

–¿Y Santiago Ramón y Cajal? ¿Y Gregorio Marañón?
–Eran hombres que imponían mucho respeto, pero se entregaban a mí con gran pasión. En aquella época, ciertos laboratorios obsequiaban a los médicos con mis retratos.

–¿Resultaba difícil retratar a personajes tan importantes?
–Imponía el hecho de hacer mover o estar quieto a alguien con tanto poder como Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República. Pero ellos lo comprendían y charlábamos durante ese momento.

–¿Tenía usted 12 años cuando le pidieron que lo retratara?
–Sí, yo entonces ya era conocido por mi rapidez y porque no necesitaba una especial quietud. Mientras le pinté, él siguió trabajando y despachando asuntos.

–¿Usted comenta que “hay que saber desdibujar para poder dibujar”?
–Quiero decir que hay que dominar el momento y las situaciones de expresión particulares.

–También se especializó en hacer dibujos con pluma estilográfica sin levantarla del papel. Como Picasso.

–En eso se me ha relacionado con la idea de síntesis del malagueño. He sido muy rápido con esta técnica, pero no quiero que la gente piense que soy pretencioso. Para mí, ha sido fácil porque, desde niño, me volvía loco por los pinceles y he tenido esa suerte.

–Por cierto, ¿le regaló algún cuadro a Miguel de Unamuno?
–Sí, llegué a tener bastante contacto con él. Yo era un chaval y él, un hombre de gran categoría. Me gustaba que me tratara de forma especial.

–¿Y quiénes son sus pintores especiales?
–Todos mis ídolos ya han muerto. Sorolla fue un gran practicador de formas de pintar, era mucho mayor que yo. Él dibujaba muy rápido.

FUENTE: El Periódico de Catalunya, publicado el 13 de agosto de 2005

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